PROGRAMAS
DE PREVENCIÓN DE PROYECTO HOMBRE


La familia constituye el núcleo básico en el que crece y se desarrolla el individuo, y en nuestra cultura, sigue jugando un papel de gran importancia a lo largo de toda su vida. El papel de la familia en la educación y en la transmisión de valores a los hijos es determinante en el desarrollo y crecimiento de éstos como seres autónomos y responsables. Los padres transmiten con su comportamiento un estilo de vida, creencias y actitudes que influyen decisivamente en sus hijos a la hora de conformar su propia visión del mundo.

En definitiva, en la familia el niño adquiere muchos de los elementos de “ protección “ que le hacen menos vulnerable a las presiones externas y a otros factores de riesgo. De ahí la importancia de incluir a los padres en cualquier estrategia de prevención del consumo de drogas.

A lo largo de los últimos 15 años el concepto tradicional de familia ha sufrido grandes cambios. Se está produciendo una evolución a consecuencia de cambios sociales como la incorporación de la mujer al mundo laboral, el aumento de familias monoparentales ( por el aumento de separaciones y divorcios), la disminución del numero de hijos y el hecho de que estos prolonguen su estancia en el domicilio familiar, etc. La familia extensa, tradicional refuerzo educativo ha sido sustituida por otras instancias ( guarderías, escolarización obligatoria hasta los 16...) que fragmentan la intervención educativa.

Pero que se hayan producido todos estos cambios no significa que la estructura familiar esté en crisis y tienda a desaparecer, o que se esté dando una compleja ruptura generacional. Entendemos que se trata de un momento de adaptación que está originando una transformación sustancial en las pautas de funcionamiento y las relaciones familiares. Otro elemento destacable es que la antigua alianza entre la escuela y los padres en la educación de los hijos está muy dañada. La relación entre los dos agentes más poderosos en la educación de nuestros hijos es lejana, y esto produce incoherencias que dificultan la misión educativa de ambas partes.

Todos estos son factores que producen desconcierto en el seno de la familia que ve modificadas sus funciones y roles. Los padres están confundidos respecto a l que espera de ello, y se ha pasado de un modelo excesivamente autoritario a otro a menudo sobreprotector. La educación que han recibido no les ha preparado para educar a unos adolescentes cada vez más precoces y expuestos a riesgo que no conocen bien. Es por ello que se encuentran a menudo sin recursos y confundidos y acusan un déficit de formación y de apoyo para llevar a cabo con éxito su labor educativa.

Al margen de todas estas dificultades, la institución familiar conserva la solidez necesaria para adecuarse a la nueva situación y seguir manteniendo su estatus como célula social básica. Numerosos estudios sobre la población adolescente confirman que la familia s una de las instituciones mejor valoradas por ellos, que reconocen en ella fundamentalmente una función de contención afectiva y apoyo en los momentos difíciles, y la incluyen dentro de sus proyectos de futuro.
Sin duda , los recursos para afrontar los cambios citados deben surgir del interior de la propia familia. Es un proceso que no puede afrontar en solitario, sino en compañía del resto de los agentes educativos.

Es por ello que este programa de prevención no va dirigido únicamente a los alumnos. La participación de los padres enriquece la actuación que vamos a realizar con sus hijos, y da una coherencia educativa a la intervención, que no es posible lograr de otra forma.