La aparición de los primeros consumos de drogas suele tener lugar durante la adolescencia. Esta etapa evolutiva es considerada, desde todos los ámbitos, como un momento de especial importancia de cara a la consolidación de la autonomía del individuo.
Cuando se habla de adolescencia se suele estar considerando una amplia franja de edad, que va desde los 12/13 años (pre-adolescencia) hasta los 22/23 años (juventud), y en ese espacio de tiempo se producen enormes cambios en el individuo, tanto físicos como psicológicos, que van a influir de manera determinante en la manera de posicionarse en su entorno social.
La necesidad de asentar la propia identidad ante la rapidez de esos cambios, la búsqueda de autonomía e independencia frente al mundo adulto estimulan en el adolescente la aparición de conductas de riesgo, como pueden ser el consumo de drogas u otros comportamientos antisociales.
Hay que tener en cuenta las peculiaridades de los cambios psicológicos que se producen en la adolescencia para comprender que función cumple el consumo de drogas en esas edades. Por sí misma, esta etapa de transición genera en la persona una gran incertidumbre, que lleva ligada la necesidad de reducir el estrés a través de la experimentación de nuevas “sensaciones” y conductas que le permitan autoafirmarse. Además, los cambios cognitivos que van teniendo lugar en el adolescente hacen que tenga una percepción diferente del mundo que le rodea, marcada por su egocentrismo y su sentimiento de invulnerabilidad, que , aunque son condiciones necesarias para el establecimiento de la propia identidad, pueden también estar en el origen de algunas conductas de riesgo que se observan en los adolescentes.
Por otra parte, en la adolescencia, la influencia del grupo de compañeros y amigos es determinante, ya que tienen especial relevancia en el proceso de construcción de la propia identidad, pues permiten al adolescente compararse y conocerse mejor a sí mismo.
Sin embargo también aumentan su percepción de vulnerabilidad cuando se enfrenta a situaciones de presión grupal.
El grupo de amigos va adquiriendo progresivamente más influencia como fuente de determinación de hábitos, actitudes, valores y modos de vida. La búsqueda de una identidad diferenciada de la de su entorno familiar invita al adolescente a compartir experiencias con sus amigos y buscar en ellos seguridad y apoyo, de modo que el grupo de amigos se convierte en uno de los principales entornos de socialización.
Los primeros contactos con las drogas se vinculan a situaciones sociales, siendo muy infrecuente que la experimentación inicial se realice en solitario. El grupo de amigos y los contextos de ocio son los ámbitos en los que aparece el consumo.
Así pues, en el adolescente nos encontramos a un ser deseoso de manifestar su independencia, sensible a las influencias del grupo de amigos, y cognitivamente preparado para relativizar las normas y conocimientos transmitidos por los padres. Pasa por diferentes etapas, en las que experimenta diferentes necesidades ( M. Costa 1997), entre las que destacan:
- Reconocerse como ser valioso.
- Sentirse aceptado en un grupo u otros grupos.
- Aprender habilidades sociales con las que experimentar el éxito en la resolución de conflictos.
- Experimentar nuevas sensaciones en su tiempo de ocio.
- Sentirse útil en su entorno.
- Encontrar un equilibrio progresivo entre sexualidad y afectividad.
- Experimentar independencia física y psicológica de su entorno familiar.
- Desarrollar criterios personales sobre los que apoyar sus decisiones.
El enfrentarse a estas necesidades le genera “ crisis “, y suele mostrar una imagen inestable con múltiples contradicciones en su conducta, que puede confundir a los adultos ( padres o profesores )ante una petición de ayuda o apoyo.
Para la superación de esas crisis el individuo debe contar con habilidades y competencias personales que habrá ido moldeando desde la infancia y adaptando a las diferentes situaciones familiares y sociales.
La presencia de adultos disponibles es muy importante en esta etapa, especialmente en la familia. El apoyo que deben recibir los adolescentes para superar ese momento tan decisivo en su crecimiento, sin duda, pasa por la familia, que sigue siendo valorada muy positivamente por ellos ( J. Elzo 1998) pese a los cambios de todo tipo que está sufriendo. Lo que parece claro es que el antagonismo o la incongruencia entre entornos determinantes en su crecimiento, como la familia y la escuela, potencian la vulnerabilidad del adolescente. Hay que hacer referencia también a las característica más comunes del consumo de drogas entre los adolescentes. Entre ellas destacan su carácter social ( consumo en grupo ) y recreacional ( en contextos de ocio ).
La experiencia nos dice que las sustancias legales ( tabaco y alcohol )suelen ser el primer paso hacia la utilización de otras sustancias, como el cánnabis y las drogas de síntesis, para, en muchos casos, continuar con la cocaína u otras drogas.
Otro hecho demostrado es que cuanto antes se produce la experimentación con drogas, más probable es la progresión en el consumo. De ahí que el retraso en el inicio sea uno de los principales objetivos de la prevención. Retrasando el acercamiento al tabaco y al alcohol, se reduce la probabilidad de un consumo problemático de esas u otras sustancias.